Una revista de humor sin muros

INTIMIDADES

Por Aloyma Ravelo

Muy antiguas historias recogen el mito de las brujas y sus mágicos poderes de robarle a los hombres su pene y coleccionarlos, protegerlos y tratarlos como a mascotas… De esta absurda fantasía –que los masculinos en aquella lejana época tomaron a pie juntillas–, se desprende el odio irracional hacia las brujas, dice la leyenda, por el aquello de: ¿Y cómo quedo yo sin mi falo inhiesto?

En los tiempos de las cavernas y más acá, hombres y mujeres miraban atónitos, como un raro apéndice en el cuerpo masculino se inflaba y desinflaba al compás de lujurias que daban risa y gusto.

No se sabe a ciencia cierta como el pene halló a la vagina, pero –como dice el dicho- buscando y buscando siempre se encuentra, y por el aquello de “acierto y error”, terminó dando en la diana.

A medida que los hombres iban tomando conciencia de ese imprescindible órgano que además de la micción servía para amenizar sus noches, empezaron a cuidarlo y protegerlo como el más divino tesoro. Hasta que llegaron las brujas.
El mito de las brujas ladronas que iban torciendo y coleccionando penes, acaparó una buena ración del siglo XV y creó en el sexo masculino un miedo peliagudo y siniestro, según describe el sitio web cultura inquieta.com
No era para menos.

En la Edad Media, se creía que las brujas tenían diferentes maleficios para apropiarse de los penes. Con palabras y poderes sobrehumanos eran capaces de hacerlos desaparecer del cuerpo masculino sin dejar rastro, mientras algunas incluso los mantenían en nidos como pajaritos, (¿De ahí la palabra “pajarita”?), y los alimentaban con avena. Quizá de entonces y en el subconsciente quedó la preferencia femenina por el Quaker.

Poseían las brujas, además, otros “atributos” como tener sexo con demonios, provocar abortos, producir esterilidad e impedir las relaciones sexuales entre marido y mujer.

La descripción más conocida de esta práctica, en aquel tiempo, se recoge en el Malleus Maleficarum, un manual de caza de brujas, escrito por Heinrich Kramer.
Detalla este volumen tres estudios de casos específicos en los que las brujas tenían a los hombres sorprendentemente privados de sus penes. Este texto se propagó, la voz corrió y cundió el pánico entre los masculinos.

Los dos primeros estudios referían a varones que tenían sus genitales escondidos tras corazas de hierro, a modo de protección por puro pánico, y el tercero, contaba la inaudita manera que tenían las brujas de mantener los penes como entes vivos, regocijados y protegidos de malsanos aconteceres.

Hay una pregunta que salta a la vista ¿Por qué el pene y no otra parte del cuerpo? ¿Pura venganza? ¿Odio insensato? La olla de grillos estaba a punto.
“¿Qué vamos a pensar de esas brujas que de alguna manera tienen miembros en grandes cantidades, veinte o treinta, y los encierran juntos en un nido de pájaros o en alguna caja, donde se mueven como miembros vivientes?”, relata textualmente el manual.

Y pasa a describir a un sujeto que intenta recuperar su pene extraviado. Sentía el pobre hombre que ya no tenía más nada que perder en ese mundo y, por su cuenta y riesgo con gran miedo, se acerca a una bruja y le hace la petición. Ella lo calma suavemente, y le señala un árbol específico. “Vaya hombre y escoja el que más le guste”, dice. El hombre feliz y contento se sube al árbol, localiza un nido donde se movían varios miembros, y particularmente se tiró por el mayor, por el aquello de “caballo grande, ande o no ande”, pero al poco lo rechazó… ¿sería de otro color… más oscurito que su piel?

Ante tanta perversa fama, ignorancia y tozudez, la historiografía recoge parte de lo que realmente ocurrió: la famosa cacería de brujas, ahorcadas, quemadas y otras muertes no menos crueles a tantas mujeres que ni se sabe. Quizá este fue uno de los primeros y grandes femicidios de la historia.

El flechazo de Cupido

Aloyma Ravelo

Cupido es un loquito barrigón, que se niega a usar pañales desechables, y es sin dudas el más popular de todos los arqueros: cuando dispara su flecha la persona queda hechizada, surge de pronto un sentimiento súbito que, como magia, inunda el cuerpo entero. Pero también es alegría, compartir, dar… Y un montón de cosas más. Hablemos del amor y qué pasa después que ese precioso bebé hizo de las suyas…
En estos días estuve leyendo una interesante meditación de la especialista argentina Natalia Fuente, con quien coincido cuando afirma que “amar es un acto de voluntad”.
Dice que “enamorarse no requiere de ningún esfuerzo, sólo pasa; pero amar de verdad va más allá de un sentimiento, implica conciencia y acción”.
Añadiendo otros elementos, la mítica del amor ha sembrado de sueños irreales la relación de pareja. Así que seamos más prácticos y objetivos.
El amor, sencillamente, se construye. Después del flechazo de Cupido, hay que trabajarlo duro. Muy importante para que crezca y se mantenga, primero que todo, es proponérselo y decidir ser camaradas en la vida.
Si el amor dura o no por mucho tiempo, depende en verdad de las personas involucradas en la relación, y sus intereses. Quien no se afana con esmero y esfuerzo constante, sintiéndose y sintiendo juntos y validando que la unión tiene mucho sentido, no pasará las pruebas del tiempo junto a esa otra persona, que al principio le pareció tan especial.
No es posible una receta que franquee las puertas de la felicidad. Pero sí hay pautas, normas básicas importantes de convivencia que ayudan a las personas en ese sentido. Veamos las que propone la especialista consultada.
Elementos del amor duradero
Para que el amor dure por largo tiempo deben estar presentes varios elementos claves, como:
Compromiso. El amor crea responsabilidades con la otra persona y resulta imprescindible crear un compromiso de estar ahí para el otro, en cualquier circunstancia.
Comunicación. ¿Cómo conocer a alguien si no hablamos con sinceridad o si no sabemos escuchar? La comunicación es vital para el amor, para mantenerla hay que aprender a escuchar al otro, compartir nuestros sentimientos y emociones y no juzgar ni censurar, al contrario, tratar de comprender.
Confianza. La confianza es un regalo invaluable que cada uno da, pero que si alguna vez se traiciona es muy difícil recuperar. Es importante procurar hacer sentir cómodo y seguro al otro y que se establezca un lazo fuerte de confianza.
Respeto. Dentro de una relación debe ser una constante. Nunca, bajo ninguna circunstancia, la pareja debe faltarse el respeto.
Complicidad. Una pareja debe ser también un cómplice, no sólo un compañero.
Libertad. La vida en pareja no significa pasar las 24 horas del día juntos. Hay que dar un espacio para la intimidad, y además hacer cosas cada uno por su lado, como disfrutar algún pasatiempo, hacer ejercicio, leer un libro, escuchar determinado programa, reunirse con las amistades, en fin, hay que sentir que es posible seguir disfrutando de aquello que te gusta.
Desarrollo. Una buena relación permite a cada uno tener un desarrollo tanto personal como de pareja. No se debe menospreciar la importancia de compartir objetivos y establecer metas que los ayudarán a crecer como personas.
Noviazgo. Una de las claves del amor duradero es prolongar el noviazgo después del matrimonio, y preocuparse por conquistar a la pareja con pequeños detalles cada día.
Vida íntima. La sexualidad, aunque no lo es todo en una relación, deber ser disfrutada por los dos. Es importante procurar que continúe la atracción física que sienten y lograr una vida sexual placentera. Cada quien le pone su ritmo y su salsa, interesado no solo en su placer sino también en el placer de la pareja.
Quien llegó hasta aquí en la lectura pensará que construir amor es toda una tarea, pero no hay que ver el asunto como un esfuerzo, sino como pequeños peldaños que se perciben y realizan con gusto. Así las cosas, Cupido desde alguna parte, estará complacido y sonriente.

Que el goce
llegue a la noche…

Aloyma Ravelo

Al igual que otros colegas que se dedican a la consejería sexual, soy del criterio de que para las parejas sería más saludable y placentero empezar con sexo el día.
Se sabe que esta especial actividad actúa de manera eficaz sobre todo nuestro organismo, proporcionándonos vigor, alegría, entusiasmo, optimismo, y es —nadie lo dude— excelente fuente de salud mental y física.
Pero en la vida práctica no siempre los ideales pueden llevarse a cabo. Y en la mañana hay que correr con los niños para la escuela, llegar puntual al trabajo o acompañar a la suegra a su turno médico.


LA NOCHE CONSPIRA


Muchas mujeres me han confiado que, para la noche, ya los deseos sexuales se les perdieron como por arte de magia. Sobre todo, aquellas que llevan una doble jornada laboral. Caen en la cama sin el menor ánimo de algo, y cuando son demandadas por su pareja, en vez de decir «no, hoy no», prestan el cuerpo para complacer al compañero, y no son pocas quienes mal aprovechan ese tiempo —que debía ser deleitoso para ambos— en fingir orgasmos inexistentes, buscando sobre todo que el sexo termine en paz y rápido.
Si bien numerosas parejas no tienen una buena comunicación ni poseen un nivel adecuado de información sobre temas básicos relacionados con el cuerpo sexuado, el deseo y el goce, está el sentido común que te dice que para el sexo no solo hay que tener interés, sino tiempo, espacio, privacidad y las ganas de hacer gozar al otro.
Además de los tabúes históricos, sociales y culturales, que marcan a las generaciones, incluso postmodernas, existen patrones de conducta, en un proceso inconsciente, que no favorecen para nada el crecimiento erótico, más bien lo dificultan, y me estoy refiriendo, en particular, al fingimiento del goce


¿VALE FINGIR?


Algunas mujeres dicen que sí. Se evitan tener que dar explicaciones a su pareja del por qué no llegaron al clímax, etc., etc. Pero esta facilidad y frecuencia con la que ciertas mujeres fingen un orgasmo, puede realmente convertirse en un bumerán de rutinas y monotonías.
En la película norteamericana Cuando Sally conoció a Harry, hay una interesante escena en la que ella demostraba lo fácil que es para una mujer fingir su orgasmo. Sally decía que la mayoría de las veces los hombres nunca piensan que eso sucede con sus parejas, sin embargo, miles de mujeres han fingido un orgasmo en cierto momento de sus vidas.
Fingir orgasmos puede ser además demostrativo de falta de seguridad femenina y dependencia emocional. Unas, se dejan guiar por los «consejos» de las amigas, y otras por un insensato «instinto femenino» que levanta la autoestima a su pareja, haciéndole creer que es el mejor de los «amantes» posibles.
Pero, para suerte y gracia de nuestro género, existe una tendencia, sobre todo entre las más jóvenes, de apropiarse de su cuerpo y su sexualidad. Están claras de lo que desean, no mienten para nada, y se mueven con soltura dentro de su piel. Hablan sin temor alguno de sus gustos sexuales, intereses, y dicen no cuando así lo quieren. Para ellas, el placer tiene su espacio y lo disfrutan al máximo.


MÁS ALLÁ DEL CUERPO Y SUS RECURSOS


Aunque la escena de Sally fingiendo su orgasmo puede resultar divertida para algunas personas que vieron el filme, la disfunción sexual en las mujeres no es algo para nada gracioso. Los expertos en este campo afirman que el sexo forma parte de una vida saludable, de modo que, si alguna mujer tiene dificultades en lograr el placer sexual, no puede disfrutar de una buena calidad de vida.
Son muchas las variables que suelen causar disfunción sexual en las mujeres, lo cual incluye principalmente las cuestiones psicológicas, cambios hormonales, la post y la menopausia, el embarazo, el parto, problemas ginecológicos… Estas y otras razones pueden incidir en la falta de apetito sexual y, por ende, del placer. Afortunadamente, hay solución para la mayoría de estos casos.
Existen otras realidades concretas que influyen a veces de manera directa en el goce sexual de la pareja en general. A nivel mundial —y en nuestro medio no escapamos a este influjo— se habla y trata más el displacer que el placer en sí mismo, es decir, la «enfermedad» de no sentir goce sexual más que las maneras en que este pudiera enriquecerse y formar parte de nuestros conocimientos y juegos sexuales.
La investigadora, doctora Luisa Álvarez, del Centro Antidiabético de La Habana, señala que «los profesionales de la salud no preguntamos casi nunca a nuestros pacientes sobre su vida sexual. Esta es una tarea pendiente, ya que las personas necesitan información de cómo hacer más armónica y disfrutable su sexualidad».
Vale insistir en otra premisa básica, que dispone que en el lecho debemos ser personas en igualdad de condiciones, sin que una esté atenta solo al placer del otro, cuando este ha de ser un bien recíproco y sin presiones.
Asimismo, es importante conocer que hay enfermedades como la diabetes, la hipertensión arterial, la depresión y otras, así como determinados medicamentos, que influyen de manera decisiva en los deseos sexuales y, por tanto, en el goce.
Se dice, y no sin razón, que un problema sexual puede ser la primera indicación de que algo anda mal en el cuerpo. Esta baja libido se podría relacionar con enfermedades médicas. Así que estar atento a las señales corporales y buscar ayuda profesional es una buena actitud. Ciertos medicamentos pueden ser cambiados por otros que no tiendan a crear trastornos en el desempeño sexual. Ese resulta igualmente un buen recurso.

Dedicando tiempo al tiempo

Aloyma Ravelo


Aquellas personas a quienes gusta alardear dirán que horas. Otras más cautas quedarán asombradas ante una pregunta tan íntima e inquietante. Pero, en realidad, casi nadie da en la diana. Al final estás metido en algo tan abrasador, que se pierde el sentido del tiempo. El tiempo vuela, porque muchas veces le dedicamos poco.
Realmente, el sexo que dura toda la noche o muchas horas, por lo general solo existe en las películas. La media de su duración en la vida real es entre 5 y 7 minutos, en el mundo occidental.
Según el criterio de terapeutas sexuales, el tiempo adecuado debe estar entre los 7 y 15 minutos, asunto que conversan con sus pacientes para que intenten llegar hasta ahí, ya que un número no despreciable de parejas suele terminar en menos de 3 o 4 minutos.
Esos son los famosos «rapiditos» que con mucha frecuencia marcan la vida de innumerables parejas que viven tan agitados por sus múltiples ocupaciones que ni aprovechan esos encuentros como fuente de disfrute, relax y acomodo de cargas.
Sería más aconsejable dotar al sexo del tiempo necesario, poner en práctica esas fantasías que «me están dando vueltas en la cabeza», y recrear una atmósfera de largo preludio. Entonces podría pasar de los 20 minutos, y las personas suelen sentirse más satisfechas con los resultados finales.
Una investigación realizada por la Sociedad de Investigación y Terapia Sexual de Canadá, reveló que la mitad de los hombres dijeron sentirse mejor si pudieran mantener una relación sexual durante media hora. En tanto el 52% de las mujeres afirmaron que les encantaría llegar a los 30 minutos. Solo el 14% de los hombres se mostró complacido con menos de 10 minutos.
Este asunto del tiempo que invertimos como pareja para el deleite erótico no es asunto que se conversa a menudo, o quizá nunca. Pero valdría la pena hablar y proponerse ir extendiendo más las caricias corporales, los mimos, besos y arrullos, mientras se disfruta de alguna fantasía inventada por la creatividad de cada cual o reproducir aquella que vimos en una peli y nos paró los pelos de punta de la emoción y el deseo.
El sexo, o, mejor dicho, el encuentro sexual, es placer y creación, por tanto verlo con esa óptica y dedicarle el espacio que se merece paga con creces a quienes se afanan en no caer en rutinas y actos mecánicos, sino que le imprimen su propia danza, su música y las originalidades, que pueden ser muchísimas.
Las buenas parejas que se entienden bien en este aspecto, buscan, de forma habitual, el goce de los dos; cada quien tiene su «tempo» de excitación, detalle que la pareja aprende a conocer. Puede que uno sea muy rápido y el otro más lento, pero «acople» quiere decir precisamente conocer gustos, deseos, posiciones, fantasías, y todo aquello que tiene que ver con la sintonía de dos. Puede que en algún momento tengan «rapiditos», pero esto solo es una descarga aliviante, algo así como la masturbación.
Tres veces a la semana es el promedio mundial, según las encuestas. Pero el sexo no es meta, Algunas personas quieren sexo diariamente; otras les basta cada 15 días. En esta esfera humana se encuentran todas las opciones. Pero el tener en cuenta a la pareja en este asunto, es importante. Una actitud egoísta o desinteresada por la otra persona, va calando una profunda distancia que es vital en la vida de pareja.
Pensar un poco en nuestra intimidad, como la evaluamos, como mejorarla, qué hacer para darle más vuelo y fragor, es un tiempo bien empleado. Cada quien se divierte a su manera, dice el viajo refrán, pero divertirse con alguien siempre será una formula mucho más efectiva.

Sexo con lenguaje de adulto

Un nuevo libro de Aloyma Ravelo, colaboradora de DosBufones

 

¿Por qué con lenguaje de adulto? El contenido de este libro tiene que ver con situaciones y conflictos que se presentan en esa etapa de la vida, relacionados especialmente con el erotismo, el placer o el displacer sexual de las personas.

No deja al margen los amores a distancia, los tríos, cuánto dura un coito y los mitos de la sexualidad masculina y femenina. Se adentra además en el mundo de las parejas homo,  y de la bisexualidad. Nos lleva de la mano, con lenguaje claro y ameno, por esa enfermedad moderna que se llama soledad, como superarla y aprender a desarrollar la autoestima y la asertividad, conocimientos básicos para alcanzar y afrontar una vida sexual sino enriquecedora, al menos satisfactoria y agradable. Trata otros temas relacionados con los diversos problemas sexuales de los adultos.  Resulta un libro tan variado como lo es la propia sexualidad humana.

Su autora, es Máster en sexualidad y tiene otros libros publicados anteriormente sobre esta temática. Se apoya para escribir sus textos en numerosas confesiones de personas que la han contactado. Sexo con lenguaje de adulto (idioma español) está disponible, en su versión digital, en Amazon.com al precio de USD 9.99. 

El eterno tema de la infidelidad

Por Aloyma Ravelo

Muchos sondeos demuestran lo común que son las personas infieles, a veces queriendo, otras, sin querer, pero sucede. Simplemente pasó, se dio la oportunidad... son algunos de los argumentos.

En muchos casos, la pareja no se entera, fue algo pasajero, que puede haber comenzado como volcán y por diversas razones, se apagó por el camino. Nadie salió lastimado. 

Pero existen quienes lo descubren, incluso sin proponérselo, y arde Troya. Si la engañada o el engañado resulta celoso, ahí se multiplica el problema. No pocas veces, uniones estables, con hijos y años de casados, se tiran los platos y deciden separarse: orgullo herido, lastimaduras profundas, llanto, ofensas y un largo etcétera rodean todas estas circunstancias. 

Si lo pensamos bien, puede ser una mala decisión tomársela a la tremenda, y cada quien por su lado. Cuando  la persona que ha cometido la infidelidad reconoce honestamente que esa relación extramatrimonial no tiene significado en su vida, y en realidad ama y desea seguir con su pareja, se debe meditar cómo seguir adelante, sin que esta situación se convierta en un telón de fondo eterno para empañar.

Clarissa Pinkela, en su genial libro llamado Mujeres que corren con los lobos, ofrece las cuatro fases del perdón, asunto complejo y lleno de matices, pero esencialmente educador según la manera que esta autora lo plantea. 

En breve síntesis, vale la pena tenerlas en cuenta, para esta u otras situaciones:

Apartarse

Para poder empezar a perdonar, es bueno apartarse, durante algún tiempo, es decir, dejar de pensar por un período en aquella persona o acontecimiento. Algo así como tomarse unas  vacaciones del problema. No se trata de pasar algo por alto, sino de adquirir la agilidad y fortaleza para poder distanciarse del asunto.

Tolerar

 La segunda fase es la tolerancia, entendida en el sentido e abstenerse de castigar, de volcar los pensamientos en otra dirección; no hacer ni mucho ni poco. Resulta útil practicar esta clase de refrenamiento, pues con ello se condensa el problema en un lugar determinado,  y este no se derrama hacia todas partes. Tolerar quiere decir tener paciencia, soportar y canalizar la emoción. Lograr todas estas cosas, actúa como una poderosa medicina. Es sanativo y una excelente lección para el resto de la vida.

Olvidar

Significa arrancar de la memoria, negarse a pensar, en otras palabras, soltar, aflojar la presa sobre todo de la mente. Olvidar no quiere decir comportarse como si el cerebro hubiera muerto. El olvido consciente equivale a destrabar el acontecimiento, no darle cuerda, no insistir en que se mantenga en primer plano sin dejar que abandone el escenario y se retire a un segundo. 

 Practicar el olvido consciente, es negarse a evocar las cuestiones molestas, negarnos a recordar las afrentas. El olvido es un esfuerzo activo, no pasivo. Es importante no irritarse con pensamientos, imágenes o emociones repetitivas.   No mirar hacia atrás, vivir en un nuevo paisaje, crear una novedosa vida y experiencia en la que pensar, en lugar de seguir varado.

Perdonar

Hay muchos medios y maneras de perdonar una ofensa, conviene recordar que el perdón definitivo no es una rendición. Es una decisión consciente de dejar atrás lo dañino, de engavetar el rencor, lo cual  no trae consigo hacer negociaciones o pactos. Decidir cuándo perdonar,  lleva más tiempo a unas personas que a otras. Algunas optan por conceder el perdón total, es decir,  “aquí no ha pasado nada”; otras, sin embargo, deciden poner puntos en las íes y marcar pautas futuras de comportamiento. 

El perdón es un acto de reacción. Se puede perdonar de momento, perdonar hasta entonces, hasta la próxima vez, pero, el juego sería totalmente distinto si se produjera otro incidente.

Dar otra oportunidad es muy válido en los casos de parejas con una historia y circunstancias que vale la pena salvar, incluso dar varias oportunidades bajo diferentes condiciones.

Estas estimables ideas de Clarissa, vale la pena leerlas y releerlas, pues son pura enseñanza que alguna utilidad tiene en esta vida y en la otra, si es que existe. 

El fenómeno de la infidelidad se repite tanto en el mundo occidental (¿será que también en el oriental?), que debemos estar preparados.

Y ahora me pongo a pensar… ¿Tendré unos preciosos cuernos adornando mi cabeza y no me he enterado? Hay que aprender la lección… Por si acaso, déjenme volver a leer. 

Sexualidad después de los 35

Una buena química sexual funciona de maravilla después de los 30, pero también es fenomenal pasados los 50, cuando se dejaron atrás los apuros, las metas y, en su lugar, se desarrolla una profunda intimidad, tan tierna y enriquecedora como no se tenía idea.

Por Aloyma Ravelo

Entre los mitos más comunes, me parece oportuno ahondar en el que sostiene que los placeres del sexo tienen que ver, sobre todo, con la gente joven. Sin dudas, contra esta visión tan prejuiciada, hay que argumentar lo suficiente para hacer justicia con aquellas mujeres que no son jóvenes, pero gozan de buena salud y tienen muchos deseos de pasarla bien con una pareja. Pero ellas mismas se limitan debido a que no es fácil, en nuestro medio, encontrar una aceptación de este derecho y esta necesidad. Los propios hijos e hijas muchas veces, socavan tales intentos, al manifestar que ya, a la mediana y avanzada edad, se debe estar pensando más en otra cosa que en esas diversiones que no “pegan” con barrigas prominentes y senos caídos.

Sin embargo, las necesidades sexuales y emocionales, de cariño, atención e intimidad, no desaparecen por el hecho de que exista ese criterio. Los prejuicios y creencias pueden estar diciendo que “ya no estás para eso”, pero el cuerpo, la psiquis, reclama contactos sexuales. Ocurre, simplemente, porque a todo lo largo de nuestra vida somos seres sexuados y el disfrute de la sexualidad siempre va a enriquecernos y a cubrir una necesidad básica.

SEXO A LOS 35

Muchos entendidos en el tema coinciden en que la mujer alcanza su clímax de goce sexual, después de los 30 años. Ya conoce bien su cuerpo, reacciones, gustos y plenitudes. Es una especie de “experta” que sabe lo que quiere, cómo, de qué forma y cuándo lo quiere.

No sólo funciona la experiencia acumulada, sino también un factor bien importante: se produce un cambio en el balance hormonal femenino, que le da a la testosterona un mayor papel en la bioquímica orgánica.

Se sabe también que muchachas de 20 años tienen menos posibilidades de alcanzar el orgasmo en una relación coital, mientras que las de 40, son las que alcanzan mayor placer.

“Yo entiendo bien mi propio cuerpo, y tengo a mi compañero muy bien entrenado. Hacer el amor ya no es esperar pacientemente, y en silencio, a que mi pareja adivine o no, qué es lo que espero o deseo. Ya no es la motivación principal la lucha por llegar al orgasmo como la gran meta. La madurez ofrece, sin dudas, otros beneficios”. Mujer de 43 años.

Para muchos hombres, que también van ganando en edad, esta nueva actuación femenina resulta agradable y les imprime un renovado entusiasmo por su compañera.

SEXO A LOS 45

Numerosas mujeres, después que sus hijas e hijos son adolescentes o jóvenes, comienzan a tener mayor oportunidad para ellas y descubren que sus experiencias sexuales, ahora, tienen un toque distinto y son muy gratificantes. Ya quedaron atrás las tensiones y la atención tan directa que requieren los niños pequeños; la época en que, entre el trabajo y la casa, “no hay tiempo ni de mirarse en un espejo” y que al sexo se iba casi de rutina.

“El hecho de que nuestros dos hijos se hayan ido a con su escuela a actividades fuera de la localidad, hizo sentirnos a mi esposo y a mí como si de pronto, estuviésemos en nuestros primeros años de casados, lo que ahora resulta mucho mejor pues cada cual sabe lo que al otro le gusta. Nos dio por romper la costumbre e hicimos el amor de todas las formas posibles y en diferentes lugares de la casa. La experiencia fue realmente maravillosa.” Mujer de 50 años”.

SEXO A LOS 55

Las relaciones sexuales, en esta etapa de la vida, aunque más espaciadas, pueden ser mejores que en los años juveniles porque ya existe un acople beneficiado por el tiempo de unión. No sólo las mujeres conocen bien sus reacciones sino, también las de la pareja. Por otra parte, el hombre, a estas alturas de la vida, que ya no tiene las frecuentes e instantáneas erecciones que se producen en pocos minutos y requiere de tocamientos y de más estímulos.

“Yo sé muy bien cómo llegar al orgasmo y mi compañero ahora necesita mucho más de mi intervención en el acto sexual. Eso me gusta porque logramos una interrelación más íntima. Hemos aprendido a disfrutar las caricias mutuas, y tanto nos gusta que dedicamos mucho tiempo a ese disfrute y hemos descubierto nuevas y muy estimulantes sensaciones eróticas. Cada vez, nos preocupamos menos por alcanzar el orgasmo; es el placer lo que nos fascina pues sabemos que el orgasmo vendrá y si no, de todas formas ha sido algo muy agradable”. Mujer de 57 años.

SEXO A LOS 65

Siempre que la pareja goce de buena salud y no esté tomando medicamentos que interfieran su respuesta sexual, resulta muy estimulante para ambos, aunque sea pocas veces al mes, continuar una vida íntima activa. Es aconsejable para la salud y excelente para la psiquis, refuerza los lazos afectivos y colabora a mantener la propia estimación y la confianza.

“Yo me divorcié y estuve diez años sin pareja. Tenía 67 años cuando un hombre, dos años mayor que yo, comenzó a fijarse en mí seriamente, pero no sabía cómo iba a enfrentar la vida sexual pues estaba desactivada hacía mucho tiempo. Me dije: “Adelante, si no puedes, al menos lo intentaste” y fue muy buena decisión. Creo que las caricias, el sentirse querido y la intimidad proporcionan una alegría adicional en la vida”. Mujer de 69 años.

La manera de asumir la vida sexual tiene mucho que ver con los conocimientos adquiridos sobre la sexualidad, con la mirada personal y también con la forma de ser de cada cual. Sin dudas, la complicidad y el juego alimentan la pasión de las parejas.

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