Una revista de humor sin muros

Chapoteando desde  Miami


La libertad de expresión y yo

Por Obdulio Duparol

Hoy les traigo una anécdota sobre algo que me ocurrió recientemente por hacer uso de mi derecho a expresarme libremente. Voy pallá:

Resulta que hace poco me enzarcé en una discusión sobre política en Facebook con un desconocido —al que llamaremos Reutilio— por dar una opinión sobre algo que posteó un amigo de ambos, al que llamaremos Celino. En otras palabras, el tal Reutilio mete la cuchareta en una conversación entre Celino y yo sin que nadie lo haya invitado. De inmediato le respondo y ahí mismo se arma la bronca. Mientras aumenta el fragor de la batalla verbal, Celino se retira sigilosamente y disfruta como sus amigos, que no se conocían cinco minutos antes, ahora son enemigos acérrimos. Y todo por yo di una opinión. Dice mi amigo que a él le resultó simpatiquísimo, pero a mí no.

Me dice Celino que yo no aprendo, que mira que me ha dicho que hay tres temas sobre los que no vale la pena discutir: fútbol, política y religión. Pero es que a mí, tengo que admitirlo, me encanta el tiqui-tiqui. El tal Reutilio, me lanzó algunos dardos selectos. Entre ellos, que revisara mi definición de libertad de expresión y que me bajara del «caballo de la superioridad» en que me había montado al juzgar «al que piensa diferente». ¡Dime tú!
Pero no me quedé callado, ¡qué va! Respondí de esa forma deliciosamente sarcástica que, los que me conocen, saben que utilizo magistralmente:

«Muchas gracias por su lección de semántica, mi estimado desconocido. Ahora, si me lo permite, me voy corriendo a buscar el concepto de ‘libertad de expresión’ y después a llevarle pasto a mi ‘caballo de la superioridad’, no se me vaya a desnutrir mientras pierdo el tiempo lidiando con usted».

Baste decir que el tal Reutilio se quedó mudo y no he vuelto a saber de él. Más-mejor-entodabía.

¡Pa que aprenda a negarle a uno la libertad de expresarse, chico!

DosBufones.com también tiene su teoría conspirativa

Por Obdulio Duparol


En estos tiempos en que hay teorías conspirativas por todo y para todo, DosBufones.com no podía quedarse fuera del juego. Por si no lo sabían, Elvis y Juan Gabriel están vivos, los ataques del 11 de septiembre fueron obra de los judíos y el ser humano nunca ha puesto un pie en la Luna. Pues bien, además de eso, y pa que se enteren:

¡DosBufones.com tiene una conexión directa con los Illuminati!

Pueden pensar que no es posible, que cómo una revista de sátira y humor radicada en Miami puede estar conectada a una sociedad secreta del siglo XVIII, que los guayabos no dan melones, y seguir pensando así hasta el Día del Juicio Final. Pero mi respuesta es que esa conexión existe, aunque los editores juren y perjuren que son descendientes de dos cómicos antiquísimos y toda esa bobería. Eso es un cuento chino, amigos. Una cortina de humo para esconder su tenebroso objetivo.

Los susodichos editores se han instalado en Miami porque a la Capital del Sol vienen famosos de todo el mundo a vacacionar. Los agarran en fiestas, con un par de tragos encima, y les insertan un chip para controlarles la mente y le hagan propaganda gratis a la revista.

Fíjense que en unas semanas ya tienen miles de fans en 61 países, publican en español e inglés y están súper activos en las redes sociales. Además, se burlan de todo lo malo y negativo del mundo. Está claro que quieren reclutar seguidores para su causa, la de los Illuminati.

Aunque no lo crean, los editores de marras pretenden dominar el mundo a través del humor y la sátira. Dentro de poco, todos estaremos bajo su control. ¡Esos dos bufones nos van a convertir en sus esclavos, caballero!
No obstante, como ustedes son inteligentes, intuirán que hay algo que no cuadra. Entonces me preguntaréis:

—Pero Obdu, ¿tú no eres colaborador de la revista?

Y yo os responderéis (que no será gramaticalmente correcto, pero rima):

—Claro. Pero el cuento no está mal como teoría conspirativa, ¿verdad?

¡Riéguenlo, que nos conviene!

XXX

Páginas candentes de mi diario erótico (1)

Por Obdulio Duparol

Como tal parece que en este mundo de Dios cada quien publica lo que quiere y como quiere, yo he decidido dar a conocer mis sueños eróticos, sin censurar nada de nada.

El que los quiera leer, aquí le dejo el primero. Ahora bien, si el relato los excita demasiado y los coloca en una situación comprometida, no me echen la culpa a mí. Ustedes están aquí porque quieren, pervertidos.

Este fue un sueño que tuve anoche. Está calientico, recién salido del horno. Voy pallá:

Llegó caminando con un contoneo que me entrecortó la respiración. La miré y me devolvió la mirada sin un ápice de vergüenza. Recorrí sus curvas de vértigos por encima de su ceñido atuendo y me deleité en cada uno de sus recodos. De pronto se detuvo frente a mí y me dedicó una sonrisa maliciosa, casi giocóndica. Se mordió ligeramente el labio inferior y, sin darme tiempo a pensar, comenzó a desvestirse. Me quedé petrificado, tanta fue mi sorpresa. En unos segundos se despojó de todas sus prendas, excepto sus altos zapatos de tacón y la corbata de lazo. Me volvió a mirar, esta vez desafiante. Entonces se me acercó lentamente y, cuando estuvo junto a mí, me susurró al oído:

—Soy… ¡la verdad desnuda!

Pronto les traigo otro, ¿ok?

CHAPOTEANDO DESDE MIAMI

Por Obdulio Duparol

—¡Eustaquio…! ¡Qué alegría verte, brother! Hacía como tres años, ¿no?
—Así mismo. Es que ando muy ocupado. ¡Una cantidad de trabajo que pa qué te cuento!
—¡No me digas! Yo pensaba que te habías retirado…
—¡Qué va! Todavía no he pensado en eso. ¡Y menos con lo bien que está la economía ahora!
—¿De veras?
—¡Pues claro! Mira, yo tengo tres trabajos: seis horas en uno por la mañana, cinco por la tarde-noche en otro y siete por la madrugada en el tercero. ¡Lo que me sobra es trabajo!
—¿Dieciocho horas de pincha, brother…?
—Sin contar los viajes. Uno es en Hialeah, el otro en la playa y el de la noche en Homestead. ¡Pero yo me divierto muchísimo manejando!
—Debes estar haciendo un montón de plata…
—¡Tres salarios mínimos! Con eso pago el apartamento, el carro, el seguro, el teléfono, la electricidad, el agua, el mercado y las tarjetas de crédito.
—¿Te sobra algo?
—Sí, pa echarle gasolina al carro.
—Al menos tendrás seguro médico…
—Si no tienes full time, los trabajos no te dan seguro. ¡Suerte que yo tengo una salud de hierro!
—¿Y tu mujer no está trabajando?
—Sí, unas horitas… ¡Es que alguien tiene que ocuparse de la casa y los muchachos!
—Mmm… pero a ella sí le pagan bien, ¿no?
—Salario mínimo, igual. Y lo que gana se lo manda a la familia en Manicaragua. Tú sabes…
—¡Menos mal que la economía está buena…!
—¡Siiiii! Y yo feliz, porque trabajo no me falta. ¡Y con tremendo orgullo! ¡Estoy ayudando a hacer a este país grande de nuevo!
—Claro, por supuesto. Oye, cuídate la salud de hierro, no se te vaya a oxidar…
—¡Tú siempre con tus cosas, Obdu! ¡Chao!

Por Obdulio Duparol

Amamantar en público es legal en los cincuenta estados de los USA. Es verdad que hubo dos de ellos —Idaho y Utah— en los que no fue hasta el 2018 que, por ley, se comenzó a proteger a las madres lactantes. No obstante, en un país tan conservador como éste, es un milagro que los legisladores se hayan puesto de acuerdo en algo.

Así y todo, muchísima gente a estas alturas aún cree que lactar en público es algo molesto, indecente y hasta inmoral. Y no sólo en los EE UU. En otras partes del mundo también, que conste. Lo paradójico es que, en estos tiempos en que la pornografía hace olas en la internet, haya mentes tan conservadoras que se dediquen a criticar una actividad natural y necesaria.

Por todo eso, queremos declarar este 2020 como el Año Internacional de la Lactancia Materna en Público, para así reafirmar un derecho que nunca debió escamoteársele a las mujeres. El lema será:

¡A LIBERAR EL SENO, MADRES!

Va a ser algo hermoso, sin duda.

Sin embargo, hay dos cosas que nos preocupan:

Que siempre habrá un reguetonero que tergiverse el lema y lo convierta en “¡Enséñame la teta, mami!”

Que nuestro egregio e impredecible presidente lo catalogue como una campaña demócrata destinada a fomentar la inmoralidad, para así sumar aún más votos en conserva —es decir, conservadores— en las elecciones de noviembre.

Si alguna de las dos llegara a pasar, que Dios nos agarre confesaos.

Por Obdulio Duparol

Viajero que andas en busca de sol, playa y glamour, escúchame bien: ¡No lo pienses más! ¡Ven a Miami, chico! La Ciudad Mágica, el lugar ideal para unas vacaciones inolvidables, te espera. Y para que disfrutes la Capital del Sol al máximo, aquí está mi propuesta:
¿Quieres playa? Miami Beach te recibe con los brazos abiertos. Gástate la plata en nuestros mejores hoteles y restaurantes. ¡Te lo agradecemos! Mientras tanto, los miamenses vamos a playas de verdad.

¿Deseas exhibir un bronceado ideal cuando regreses a casa?

Ven y achichárrate bajo nuestro sol. ¡Es todo tuyo, papa! Te lo regalamos. Nosotros, generosos que somos, preferimos el aire acondicionado.

¿Eres amante del buen arte? No tendremos museos, pero el arte en nuestra ciudad es genuino, provocador. Miami es el único lugar del mundo en que puedes comprar una banana pegada a la pared por $120,000.

¿Viniste a hacer compras? No dudes en irte a Lincoln Road a dejarnos todos tus ahorros del año, mientras nosotros nos divertimos buscando espacios de parqueo en el siempre repleto Dolphin Mall.

¿Te gusta el turismo de aventura? En la Pequeña Habana tienes la no-muy-pequeña oportunidad de que te rompan los cristales de tu coche y luego te lo remolquen por dejarlo mal parqueado. ¡Pura adrenalina!

Todo eso y mucho más te lo ofrecemos de corazón.
¡Miami te espera en el 2020, amigo! Pero recuerda, trae plata.

En abundancia, brother.

PROHIBIDO

Prohibidas las bolas de nieve


Por Mario Barros (Lenguaviva)

Hoy llega Obdulio a verme y, sin apenas saludarme, me dispara:
—¿Sabías que hay un pueblo en Wisconsin en que está prohibido lanzarse bolas de nieve?
—Ni idea. ¿Qué pueblo es ése?
—Wausau, que rima con oso y se pronuncia wóso.
—Debe ser un pueblo muy soso.
—Supongo que sí. Es una ley que data de 1962.
—¡Wow! ¡Cincuenta y siete años sin que la gente se tire una bola de nieve en Wausau…!
—Así es. Pero los habitantes del lugar no aguantan más y amenazan con rebelarse. Ya hubo una masiva protesta de siete wauseños que salieron a las calles con carteles en que se leía “¡Abajo la prohibición! ¡Tenemos derecho a lanzarnos bolas de nieve!” Dicen que el alcalde está considerando derogar la ley.
—Era hora, ¿no?
—Sí. Pero hay algo que me preocupa.
—¿Qué?
—¿Te imaginas que el alcalde de Miami decida prohibir las peleas de bolas de nieve aquí también…?
Me quedo mirando a mi amigo con cara de tonto durante largos segundos, pero me doy cuenta de que me veo más tonto de lo normal y cambio la cara.
—Obdu, la única vez que nevó en Miami fue hace casi 43 años…
—¡No importa! Siempre existe la posibilidad de que vuelva a ocurrir. ¡Y nadie nos va a quitar el derecho a tirarnos bolas de nieve, chico!
Y con la misma da media vuelta y se va. Mientras se aleja, observo que lleva pegado a su espalda un letrero que reza “¡MIAMI, WAUSAU, UNIDOS VENCERÁN!”
Este Obdulio nunca deja de asombrarme.

Cuidadito, compay… gato

Por Mario Barros (Lenguaviva)

Obdulio viene hoy a visitarme, y lo hace tarareando una guaracha de un célebre compositor cubano de antaño.
—¿Te levantaste en modo Ñico Saquito, Obdu?
—Sí. ¿Te acuerdas de esa canción, “Cuidadito, compay gallo”?
—Claro. Hubiera sido muy polémica en estos días. Habla de un gallo con tendencias homosexuales…
—Así es. Pues resulta que la guarachita le pega perfectamente a algo que vi en internet ayer.
—¿Qué? ¿Un gallo gay?
—No. Un reportaje de unas chicas que quieren apartar a los gallos de las gallinas porque las violan y eso resulta traumático para ellas.
—Ah, ya veo. Pero la naturaleza es así.
—Por supuesto. De acuerdo con la lógica de las muchachas, los perros no debieran estar con las perras, ni los gatos con las gatas, ni los caballos con las caballas… perdón, con las yeguas.
—Efectivamente. El apareamiento entre los animales puede ser traumático.
—Pero lo que las chicas del reportaje no valoran es que hay machos en la naturaleza que se sacrifican por amor.
—¿Como cuáles, Obdu?
—El macho de la mantis religiosa y el zángano del panal de abejas, por ejemplo. ¡Esos dan la vida por estar con sus parejas y nadie los defiende, chico!
Me quedo pensativo y cabizbajo durante diecisiete segundos, analizando lo rápido que se extinguiría la vida en el planeta si hubiera separación total por concepto de género. Entonces levanto la cabeza para hablarle a mi amigo, pero ya es tarde. Lo veo cruzar el umbral de la puerta y alejarse, tarareando la canción del gallo, en la tarde miamense.
Este Obdulio nunca deja de asombrarme.

Mario Barros (Lenguaviva)

Obdulio viene hoy a verme luciendo una boina que lo hace verse como un director de cine de principios del siglo 20 y no puedo menos que comentarle:
—Has cogido el friecito miamense con mucha seriedad, brother. ¿Te estás protegiendo la mollera?
—¡Qué gracioso! No tienes la menor idea del porqué de esta boina.
—No. Pero si me iluminas, te quedaré eternamente agradecido.
—Pues resulta que esta gorra sin visera perteneció a mi bisabuelo paterno, que era gallego.
—¡No me digas!
—Sí te digo. Y si quieres te lo repito.
—No hace falta, te creo. Y si no es para protegerte de la gélida brisa del invierno miamense, ¿para qué te sirve el chapeau?
Mi amigo me mira con un signo de interrogación en el rostro.
—Hablo de la boina.
—¡Ah! Disculpa, es que mi alemán no es muy bueno. Pues, estoy practicando para cuando me vaya a vivir a la tierra de mi abuelo. Me ha dicho mi amigo Paco que allá hace un frío que-pa-qué-te-cuento.
—Claro, claro. ¿Y cuándo piensas marchar?
—Todavía no sé, pero ya estoy tomando un curso de lengua gallega online.
—¡No me digas! ¿Y qué has aprendido?
—Bueno, ese idioma es bastante difícil, pero ya me sé una frase que se usa mucho en Galicia.
—¿Cuál?
—Coger en el colo.
Me quedo pensativo durante siete segundos. En el octavo le comento:
—Pero Obdu, ¿has empezado por las obscenidades…?
Mi amigo me mira con dagas que le salen de los ojos y su respuesta no se hace esperar:
—¿Serás tonto? ¡Eso quiere decir coger en brazos, chico!
Y con la misma da media vuelta y se va.
Yo me quedo pensativo, imaginando el cambio radical de significado que puede causar la sustitución de una simple letrica en una palabra.
¡Mal pensado que soy!

Obdulio se vuelve insoportable (a veces)

Por Mario Barros (Lenguaviva)

Hoy Obdulio me trae la foto que acompaña este texto y me pide que escriba sobre ella.

—¿De veras, Obdu?

El hombre me tiene un poco cansado, la verdad. ¿Quién se piensa que soy? ¿Una máquina de escribir sobre lo que a él se le ocurra? Un día voy a tener que decirle cuatro cosas, a ver si me deja tranquilo. Pero no es el momento. No puedo pelearme con la fuente de las ideas. Entonces cuento hasta mil, respiro profundo, pongo cara de tonto y accedo a su petición.

—Déjame ver bien la foto.

¿Y qué hay de interesante en ella? Una señora sentada, con un sombrerito ridículo, leyendo una revista o algo así. ¿Qué diablos puedo escribir sobre esto? ¡Explícame Obdu! ¿Qué rayos quieres que diga sobre ESTO? ¿POR QUÉ ME HACES PERDER EL TIEMPO ASÍ…?

Caigo en un sillón, envenenado por el enojo, y mi amigo corre a traerme un vaso de agua para diluir el veneno. Me echa fresco con una toalla y me pide que me calme. A continuación, señala una nota en el website donde encontró la foto:

Escultura hiperrealista del artista Duane Hanson, Minnesota, 1925-1996

Me quedo mudo durante diecisiete segundos. Recobro el habla en el dieciocho, me disculpo como puedo y le prometo a Obdulio que sí, seguro, no faltaba más, escribiré algo sobre la imagen de marras. Y muchas gracias, ¿eh?

Sin decir más, mi amigo se marcha y yo me quedo mirando la foto con cara de tonto.

Hubiera jurado que la mujer era de carne y hueso.

  1. CHAPOTEANDO DESDE MIAMI

¡Calvos de todos los países, uníos!

Mario Barros (Lenguaviva)

Obdulio, que es calvo sin complejos, viene hoy a verme con este documento en mano:

LLAMAMIENTO A LOS CALVOS DEL MUNDO

Amigo, usted no tiene la frente ancha, ni entradas, ni salidas, ni la cabeza de un pato. Usted es calvo. Así de simple. Asúmalo con hidalguía. Quizás su apariencia se aleje un poco de los cánones de belleza contemporáneos, pero no se deje engañar, usted pertenece a una especie superior. ¿No me cree? Le recuerdo las ventajas de no tener cabello:

No necesita peinarse, con lo que se ahorra no-sé-cuántas horas mensuales que puede emplear en otras actividades. Por lo mismo, no tiene que gastar en peines, cepillos o gel.

Tampoco necesita ir a la barbería, por lo que evita abonar más de $200 anuales. Y de paso, se ahorra también la plata del champú y el acondicionador.

Como los rayos solares se reflejan en su domo, contribuye significativamente a evitar el calentamiento global, cosa seria aquí en Miami.

Usted es siempre un punto de referencia inequívoco: “¿Ves el calvo aquel? Tu asiento es el de la derecha”.

Recuerde que a las mujeres les gustan los calvos. Dicen que somos muy sexys. Aproveche. 

¿Ve por qué le digo que usted pertenece a una especie superior? ¿Se siente mejor ahora? Así… ¡Sonría…! ¡Eso…! Disfrute su calvicie como una bendición de la naturaleza.
No obstante, tengo que admitir que a veces tenemos que protegernos de la incomprensión de los pobres mortales que sufren la desdicha de tener cabello. ¿Qué calvo no ha tenido que soportar estoicamente aquello de “Brilla la luna, brilla el sol, brilla la calva de ese señor”?

Por todo eso, y en nuestra defensa, he decidido fundar la
ASOCIACIÓN MUNDIAL DE CALVOS SIN COMPLEJOS (AMCC)
¡Únase a nuestras filas! Próximamente les informaré cómo hacerlo. 

Hasta aquí el llamamiento de Obdulio. Tengo que admitir que me tiene entusiasmado y ardo en deseos de conocer cómo incorporarme a la AMCC. Es que… por si alguien no se ha enterado, yo… también soy (en un susurro apenas audible) … calv

CHAPOTEANDO DESDE MIAMI

Estado de emergencia en Miami

 

Por Mario Barros (Lenguaviva)      

Me cuenta Obdulio que el pasado fin de semana le ocurrió algo para lo que no estaba preparado. Resulta que cuando mi amigo salió a pasear a su perrita Sushi el domingo por la mañana, se dio de narices contra un viento gélido que los hizo retroceder y correr a abrigarse.
Una vez guarecidos del terrible ventarrón, Obdulio comprobó que la temperatura había descendido (¡aguántense!) a 58º Fahrenheit, unos 14º Celsius. Valores infrahumanos, sin duda. “¡Increíble!”, se dijo a sí mismo. Y a continuación pensó en las pobres iguanas, que no resisten esos bajones bruscos del mercurio. “Van a tener que salir a protestar contra este invierno extemporáneo”, se volvió a decir a sí mismo. “Pero lo más probable es que terminen todas hechas unos popsicles. Espero que el gobierno de la ciudad declare el estado de emergencia rápido”, concluyó. (Y sí, se lo dijo a sí mismo, que conste.)
Cuando volvió a sacar a Sushi, media hora después, el Obdu exhibía su atuendo favorito para enfrentar la ventisca: botas impermeables, pantalones de pelo de camello, tres abrigos y dos gorros de lana. Sushi, por su parte, vestía una pelliza de piel de oso que le quedaba monísima.
No habían pasado cinco minutos de paseo canino, cuando mi amigo sintió un timbre de bicicleta a sus espaldas. Se volteó rápidamente, justo a tiempo para cederle el paso en la acera a un señor que, desafiando los elementos, iba en shorts, sin camisa y con una amplia sonrisa dibujada en el rostro. Obdulio no pudo contener el grito que brotó de su garganta:
—¡EXAGERAO!
Y a continuación (¿a que no adivinan?) se dijo a sí mismo: “¡Malditos turistas canadienses!”

Obdulio, María y Sudamérica

Mario Barros (Lenguaviva)

Mi amigo del alma se me aparece hoy con un mapa político de América del Sur en una mano y su iPhone en la otra. Me percato que viene escuchando un tema que me resulta conocido.
—¿Te hiciste fan de Ricky Martin, Obdu?
—No tanto como fan, pero esta canción me gusta. Tiene un ritmo tan pegajoso que no puedo despegar el teléfono de la mano.
—¿Y el mapa?
—Pega también con la canción.
—¿Cómo es eso?
—Presta atención a la letra.
Aguzo el oído y escucho al Ricky cantar:
Un, dos, tres, un pasito palante, María,
Un, dos, tres, un pasito patrás.
—Nada que ver con el mapa.
—¿Ah no? Con la revoltura que hay en Sudamérica en estos días, no se sabe qué país va palante y cuál patrás. ¡Igualitos a María!
Me quedo callado durante siete segundos. Entonces pregunto:
—¿Y el un, dos, tres…?
—Por Guyana, Surinam y la Guayana Francesa, los tres que parecen escapar de la locura hasta ahora.
Me quedo boquiabierto ante la sagacidad de mi amigo.
Así es, todo pega y este Obdulio es un fuera-de-serie.
¡Nunca deja de asombrarme el muy condenao!

CHAPOTEANDO DESDE MIAMI

Obdulio y la estatua de Melania

Mario Barros (Lenguaviva)

viene a verme hoy y, sin darme tiempo a decir “hello”, me dispara:
—¿Has oído hablar de Sevnica, en Eslovenia?
—Jamás en la vida.
—Te ilustro entonces: es una aldea de 5,000 habitantes que se convirtió en el lugar de nacimiento de la sin par Melania Trump en 1970.
—Muy interesante. ¿Y?
—Resulta que le hicieron una estatua allí, pero no fue un éxito rotundo precisamente.
El Obdu me enseña una foto de la obra de arte y, ante mi cara de sorpresa-sobresalto-estupor, prosigue:
—Alguien cortó un tronco con una sierra y eso fue lo que salió.
—¡Pobrecito el árbol! Mejor lo hubieran dejado crecer y multiplicarse.
—Y pobrecita la Melania. No se merece eso, chico.
—La verdad que no. ¿Entonces?
—Quiero iniciar una campaña de recaudación de fondos para hacerle una estatua digna de su estatura.
—Y ella es bastante alta. Va a ser una estatua dignísima. ¿Qué vas a hacer cuando tengas la plata?
—Voy a contratar al mejor escultor del mundo para que haga la estatua.
—¡Bravo, Obdu! ¿Y ya tienes pensado dónde colocarla? Me imagino que la original irá en su pueblo natal. Y una copia en Mar-a-Lago, ¿no?
—¡Naaaaa! La colocaré en un sitio de subastas y que se la lleve el mejor postor.
—¡Pero, Obdu! ¿Qué manera de honrar a nuestra primera dama es esa…?
—Pues la única en que ella y su cónyuge entienden la realidad. ¡El billete ante todo, chico!
Me quedo perplejo durante diecisiete segundos, pero al final entiendo al Obdu.
Es su forma muy particular de hacer a los Estados Unidos grande de nuevo.

Chapoteando desde Miami

Obdulio, Miami y el cambio climático

Mario Barros (Lenguaviva)

Esta vez mi amigo del alma me trae una serie de preguntas sobre Miami para evaluar mis conocimientos sobre nuestra ciudad adoptiva. Aquí se las dejo, con sus respuestas respectivas.
—A ver, ¿cuál es la población de Miami?
—No sé, Obdu. Me imagino que tres o cuatro millones, ¿no?
—Negativo. En la mera-mera Ciudad de Miami vive menos de medio millón de habitantes. Ahora bien, en toda el área metropolitana hay cinco millones y medio, más o menos.
—De los cuales seis millones son cubanos, ¿no?
—Ja. ¿No puedes ser un poquito más simpático?
—Trataré.
—Pregunta dos: ¿cuál es la temperatura promedio de Miami en noviembre?
—Tampoco sé, pero debe ser más alta que en Boston.
—Jaja. Te ilustro: 82 la alta y 68 la baja.
—En grados Fahrenheit, ¿no?
—Mejor ni te respondo. Eso equivale a 28 y 20 en Celsius. Tercera pregunta: ¿tienes alguna idea de la elevación de la ciudad sobre el nivel del mar?
—Bueno, depende del edificio en que te subas…
—Jajaja. ¿No puedes ser más pesao? La elevación promedio es de sólo 6 pies, o sea, 1.8 metros.
—Menos mal.
—¿Menos mal qué?
—Que tu vives en un tercer piso.
—¿Y…?
—Que con el cambio climático que se nos avecina, el agua de los Everglades se va a unir con la del Atlántico y tus vecinos de los bajos se van a tener que mudar. ¿No son esos los de las fiestas de reguetón todos los sábados? ¡Al fin te vas a librar de ellos, viejo!
El Obdu me mira fijamente durante veintisiete segundos, sables de pirata saliendo de sus dilatadas pupilas. Con la misma se levanta y se va sin decir que-te-ahogues-en-los-Everglades.
Y yo me quedo pensando: «¿Qué rayos habré dicho para que se pusiera así de bravito?»

Obdulio y la pastelería casera


Mario Barros (Lenguaviva)


Mi amigo del alma me trae hoy esta foto que, según me dice, le resulta muy curiosa. No puedo menos que preguntarle:

—¿Qué le ves de interesante a la imagen, Obdu?

—Pues que se nota que es el anuncio de un negocio casero. Fíjate que el cartel está escrito en un pedazo de cartón común y corriente, sin muchas pretensiones. Yo respeto a la gente emprendedora y se ve a la legua que la persona que escribió esto es de las que se mata trabajando para sacar su negocio adelante. No obstante, hay un detalle del cartel que me preocupa.

—¿Qué cosa?

—El autor, o autora, debió escribir “cakes”, con s, para que haya correspondencia con “se hacen” que está en plural.

Me quedo pensativo durante siete segundos y al cabo riposto:

—Se te olvida que a lo mejor la persona desconoce cómo se forma el plural de los sustantivos comunes en la lengua de Shakespeare.

—Sí, de acuerdo, tá bien. Pero si uno está luchando por su negocio y va a escribir en inglés, lo menos que puede hacer es documentarse sobre la regla de los plurales, ¿no crees? ¡Ése es un error imperdonable, chico!

Me quedo callado durante diecisiete segundos más, cuestionándome si mi amigo será idiota o qué. Me inclino a pensar que es “qué” y vuelvo a la carga:

—¿Y eso es lo único curioso que notas en la foto, Obdu?

—Sí. ¿Tú ves algo más?

—No. Sólo preguntaba… por preguntar.

Este Obdulio nunca deja de asombrarme.

Chapoteando desde Miami

Cuerdas al aire

Mario Barros (Lenguaviva)

Mi buen amigo Obdulio viene a verme hoy con una foto en su teléfono y una guitarra en la mano.

—¿Estás haciéndole selfies al instrumento, Obdu?

—Ja. Tan simpático como siempre. Creo que no te has fijado bien en la instantánea.

—A ver…

Me acerco y noto que la imagen no es la de un instrumento como tal, sino un edificio que me resulta conocido.

—¿Ése no es el hotel que están construyendo al norte de aquí y que se ve desde la carretera?

—El mismo que viste y calza.

—Es ingenioso. Nunca había visto algo así.

—Lo van a inaugurar en los próximos días. Tiene 638 habitaciones, un área de 13,000 metros cuadrados y 40 pisos de altura.

—¿Algún otro dato?

—Ha costado mil quinientos milloncitos. Y eso me preocupa mucho.

—¿Por qué? ¿Es tu dinero acaso?

—No. Pero es que lo han construido en un descampado. No hay nada que lo proteja y por ahí pasan huracanes de vez en cuando.

—Me imagino que los materiales sean resistentes. Y que tenga un buen seguro.

—Ojalá, porque si no…

—¿Qué, Obdu?

—¡La guitarra puede acabar hecha un ukelele, chico!

Y con la misma Obdulio se va tocando las notas de Stairway to Heaven mientras me quedo pensando si lo de mi amigo será verdadera preocupación o estará resentido porque nadie lo ha invitado a la inauguración.

¡Vaya usted a saber!

Mario Barros (Lenguaviva)

Como casi todos los días, el Obdu viene a verme en esta tarde lluviosa miamense. Entra, se para frente a mí y me dispara
:
—Hay algo que me ha estado dando vueltas en la cabeza todo el día y estoy tratando de sintetizarlo en dos palabras.

Y con la misma, empieza a sacar tarjetas de cartón de una carpeta. En total saca siete y las pone sobre la mesa. Observo que cada tarjeta lleva una letra escrita. Obdulio las ha colocado en el siguiente orden:

U Ñ S E U O N

Mi amigo juega con ellas, las mezcla y cambia de posición varias veces, hasta que forma dos palabras mágicas:

U N S U E Ñ O

Me quedo a-le-la-do ante la manera en que mi amigo ha logrado resumir ese algo que ronda en su cabeza. No es difícil entender el mensaje: Obdulio, como John Lennon y Martin Luther King, también tiene un sueño.

Echo a volar la imaginación y lo veo convertido en un mesías del siglo 21, un líder mundial destinado a salvar a la humanidad de sus propios desatinos e insensateces. ¡Sufre, Donald Trump!

De más está decir que me siento realmente emocionado.

—¡Obdu, eres un soñador! ¡Ojalá ese sueño se convierta en realidad! ¡Serás nuestro faro y guía! ¡Muéstranos el camino, Oh, Tú, El Más Grande! ¡Vierte sobre nosotros tu sapiencia infinita!

Mi amigo me mira extrañado durante unos segundos. Al fin bosteza y me responde:

—No sé qué diablos estás diciendo. Anoche me desvelé y no he dormido nada. Para colmo, Mayeya está limpiando la casa de arriba abajo. Vine a ver si me puedo recostar un rato en tu sofá. ¡Tengo un sueño que no veo!

De más está decir que este Obdulio nunca deja de asombrarme.

 


Por Mario Barros (Lenguaviva)


Mi amigo Obdulio se me aparece hoy en casa con una botella de vodka vacía en la mano. Trato de adivinar qué se trae entre manos, además de la botella, pero no logro dar pie-con-corcho. Sólo me queda preguntarle:
—¿Cuál es el chiste con el recipiente de cristal que sirve para contener líquidos, Obdu?
—Acabo de leer que el consumo de alcohol en Rusia ha disminuido 43% en los últimos años.
—¡Qué bien! Me imagino que hayan hecho una gran campaña sobre el abuso etílico allá, en la patria de Tolstoi.
—Parece que sí. Pero creo que hay otra razón detrás de la cifra.
—¿Cuál?
—El cambio climático. Como la cosa se está poniendo caliente, hace falta menos alcohol para calentarse en el crudo invierno ruso.
—Mmm… es posible. Habría que averiguar si en otros países cercanos a la patria de Dostoievski sucede lo mismo. Por ejemplo, en Ucrania, la patria de Shevchenko.
—Estoy seguro que Zelensky lo sabe.
—Bueno, para algo es el presidente del país. ¿Por qué no le das una llamadita y le preguntas? El hombre es humorista, igual que tú.
Obdulio se queda mirándome fijamente durante diecisiete segundos, dagas y puñales saliéndole de los ojos saltones. Al fin me dispara:
—¿Serás tonto? ¿Pa terminar en un juicio político igual que el Trump? ¡Naaaaa!
Este Obdu nunca deja de asombrarme.

Chapoteando desde Miami


¡A juzgar al hombre, chico!


Mario Barros (Lenguaviva)

Obdulio llega a mi casa portando un cartel con letras grandes en el que se leen sólo dos palabras en inglés:
IMPEACH HIM!
Mi amigo se pasea por la sala saltando, gesticulando y moviendo la pancarta como si estuviera en medio de una manifestación callejera. Sin embargo, no dice esta-boca-es-nuestra.
Creo adivinar su propósito y le comento:
—Veo que estás metido de lleno en el intento de juicio político contra Trump. Supongo que eso tomará tiempo y a lo mejor no pasa nada. ¿No te parece que te estás adelantando un poco?
El Obdu me ignora y sigue en lo suyo. Insisto.
—¿Acaso estás protestando contra algún otro dictador? ¿Maduro quizás?
Mi amigo ni se da por enterado.
—Mmm… entonces, será un tiranillo de esos que se dan silvestres en Asia y África, ¿no es cierto?
Silencio absoluto, aunque ahora el meneo del cartel en sus manos se hace más enérgico. La curiosidad me devora:
—Obdu, por favor, ¿a quién quieres enjuiciar, hombre de Dios?
Al fin mi amigo responde:
—A nadie.
—¿Y entonces? ¿Ese cartel…?
Obdulio me mira fijamente durante siete segundos.
—Es de la época de Nixon. Una pieza de museo. Lo compré online a una compañía china que garantiza su autenticidad. Creo que tiene como 45 años.
Y, con la misma, mi amigo sigue en su silenciosa protesta callejera.
No sé, pero me parece que el Obdu está ensayando para la tormenta política que se nos avecina.
El tiempo dirá si tiene que darle uso a su pieza de museo made in China.
Pero, por si acaso, ya está preparado.

Mario Barros (Lenguaviva)

El Obdu llega hoy a mi casa justo en el momento en que sirvo el café, pero eso es lo usual en él. Lo inusual es que viene enfundado en una rígida armadura medieval. Debiera sorprenderme, pero no hay mucho que me sorprenda de mi amigo a estas alturas del partido.

—¿Y eso? ¿Te escapaste de una serie sobre la corte del Rey Arturo?

—No.

—¿Vienes a pedirme mi opinión sobre tu disfraz entonces?

—Tampoco. Y esto no es un disfraz, sino una armadura auténtica.

—¡No me digas! ¿Quién te la regaló? ¿El Cid Campeador?

—¡No me la ha regalado nadie, chico! La compré en una tienda de antigüedades.

—¡Wow! Así te habrá costado…

—Tenía un 70% de descuento. 

—Toda una ganga. ¿Y qué te propones?

—Estoy listo para entrar en combate.

—¿Contra quién?

—La pornografía. Me parece que es demasiado, sobre todo en internet. Hay que ponerle coito. Digo, coto.

—Mmm… ¿Te das cuenta que con eso coartas la libertad de expresión? 

—Ta bien, pero no hay que exponer a los chicos a cosas que deberían aprender de mayores.

—En eso tienes razón. ¿Y cómo piensas combatirla?

—Empezaré por el vocabulario. Voy a proponer un referéndum para prohibir toda palabra, término o frase que tenga que ver con el sexo y sus derivados. No más pene, vulva, senos, testículos y todo lo demás, incluidas las formas vulgares de referirse a ellos, por supuesto.

—Ya. ¿Y qué resuelves con eso?

—Pues que la gente tendrá que usar definiciones, descripciones y paráfrasis para tratar la temática sexual. Por ejemplo, si en lugar de pene, tienes que decir órgano reproductor masculino, ya estamos hablando de sustituir dos sílabas y cuatro letras por veintiséis letras y once sílabas. Las personas tendrán que emplear mucho más tiempo para hablar y/o escribir de sexo y se les hará más complicado. Conclusión: en estos tiempos en que todo es fácil y rápido, la gente se va a aburrir y la pornografía morirá por sí sola.

Me quedo mudo durante veintisiete segundos, admirado de la sapiencia de mi amigo. Pero todavía me queda una pregunta por hacerle al Obdu:

—¿Y para eso tuviste que ponerte una armadura medieval?

—¡Es simbólico, viejo! ¿Cuándo acabarás de entenderlo?

Este Obdulio nunca deja de asombrarme.

Chapoteando desde Miami

Reguetoneros cubanos ratifican compromiso con Díaz-Canel y la Revolución

Mario Barros (Lenguaviva)

A continuación, una información de Obdunet, la agencia noticiosa de Obdulio Duparol.

La Habana, septiembre 10, OBDUNET- Un grupo de jóvenes reguetoneros cubanos está trabajando en un tema musical que grabarán en breve como homenaje a Miguel Díaz-Canel, el presidente de la isla. El título de la canción es Miguel, el nuevo corcel y uno de los artistas explicó su origen a esta agencia de noticias: “El título tiene que ver con el Comandante en Jefe. A él le decían El Caballo, ¿no? Entonces, Díaz-Canel, como continuador de su obra, tiene que ser el nuevo caballo. Pero le pusimos corcel pa que rime. ¡Nos costó como dos meses encontrar esa palabra!”

Dicen los jóvenes que su objetivo es promover la figura del presidente en el extranjero. “Es que a Díaz-Canel no lo conoce nadie, ¿me entiendes? Claro, la culpa es del imperialismo, que no quiere que el mundo sepa nada sobre nuestro líder. ¡Pero vamos a romper el bloqueo asesino y criminal y a demostrarle a Trump que estamos comprometidos con la Revolución! Y de paso nos hacemos famosos y ligamos un viajecito pa ir a cantar al Yuma”.

Los jóvenes artistas confían en que el tema, con su pegajoso ritmo, se hará popular a ambos lados del Estrecho de la Florida. “Es que somos un solo pueblo, los de allá y los de acá. ¡Vamos a poner a gozar a Cuba y a Hialeah! Pero no vamos a hablar de política”, concluyeron.

 

Chapoteando desde Miami

Obdulio y Dorian

Mario Barros (Lenguaviva)

Esta conversación con mi amigo tuvo lugar el 3 de septiembre, cuando el huracán Dorian todavía azotaba a las Bahamas.

Mi amigo no venía a verme desde la semana pasada. Supuse que estaba demasiado pendiente del huracán que en aquellos momentos se acercaba a Miami. Así se lo hice saber en cuanto lo vi.

 -Dichosos los ojos, Obdu. Me imagino que te has dado un festín de información sobre el huracán.

-Así mismo. ¡Ese Dorian no me ha dejado dormir en una semana! Y como ahora uno tiene todo tipo de alertas en el móvil, no pasan cinco minutos sin que alguien te diga cuan peligroso, catastrófico, monstruoso, cataclísmico, demoníaco y apocalíptico es el muy condenao.

-Sí, creo que a los chicos de los medios se les va la mano en eso. Aunque, la verdad, hubo un momento en que la cosa pintaba fea para Miami.

-Sí, suerte que al Dorian le dio por pararse y luego desviarse un poquito.  

-Aunque el resto de la Florida todavía está en veremos…

-No me gusta desearle mal a nadie, pero me encantaría que el huracán pasara cerca de cierto club de West Palm Beach y le hiciera pasar un susto al dueño.

-Ya. Un tipo alto, gordo, de cabello rubio y piel naranja que no dice una verdad ni aunque lo pinchen.  De alguna manera tendrá que entender que el cambio climático no es un cuento chino.

-Sí. Pero, pensándolo bien, mejor que Dorian ni se acerque.  

-¿Por qué?

-Porque capaz que el tipo se vuelva loco y le tire una bombita atómica para desintegrarlo. Ya lo anunció hace poco, ¿no?  

Tengo que admitir que Obdulio tiene razón, una vez más.

 

 

Chapoteando desde Miami

Mario Barros (Lenguaviva)

Hoy mi amigo Obdulio me trae un mini-cuento monocromático. No sé cómo clasificarlo, así que aquí se los dejo, por si quieren hacerlo ustedes.

GREEN

El hombre se levantó, se miró al espejo y notó que se había vuelto verde de la noche a la mañana. Giró la cabeza y notó que su casa era toda verde, los muebles verdes; piso, paredes y techo, verdes también. Se vistió con ropa verde, salió a la verde calle, atestada de vehículos verdes que lentamente circulaban entre verdes edificios de una ciudad que más verde no podía ser. El sol era verde; el cielo, verde también. Y un anciano que plácidamente miraba pasar la verde vida en un parque verde era… morado.

FIN

Me quedo mirando a Obdulio embobecido y de pronto me doy cuenta de que algo no me cuadra en el cuento:

-¿Y por qué el anciano era morado?

-Bueno, en realidad era un viejo verde que justo en aquel momento vio como una ráfaga de viento le levantaba la falda a una joven que pasaba por allí. Por eso se puso morado.

El Obdu se percata de los puñales que me salen de los ojos y sale como un bólido de mi casa, un segundo antes de que pueda agarrarlo por el cuello y ponerlo tan morado como el anciano del cuento.

CHAPOTEANDO DESDE MIAMI

Manifestaciones anti-Trump en Groenlandia

    Mario Barros (Lenguaviva

A continuación, una información de última hora de Obdunet, la agencia noticiosa de mi buen amigo Obdulio Duparol.

Nuuk, agosto 17, OBDUNET- Multitudinarias manifestaciones se están produciendo en Groenlandia luego de que se hiciera público el deseo del presidente Donald Trump de comprar este territorio autónomo danés. Como se ha podido conocer, Trump solicitó recientemente a sus asesores que estudiaran la posibilidad de adquirir la gigantesca isla. “Hay que hacerlo antes de que los chinos se nos adelanten”, declaró el presidente, de acuerdo con fuentes fidedignas que han preferido permanecer anónimas.

Las principales manifestaciones han ocurrido en los alrededores de Nuuk, la capital, y en ellas han participado cientos de osos polares, preocupados por la ignorancia del presidente con respecto a los problemas medio ambientales que los afectan. Según testigos presenciales, los plantígrados portaban todo tipo de pancartas con expresiones anti-Trump y coreaban “¡Cuidado, Trompeta / con Groenlandia no te metas!”

Se ha anunciado que las protestas continuarán mañana y se espera que un nutrido grupo de focas y pingüinos se congreguen en la plaza principal de Nuuk para rechazar el intento de compra.

CHAPOTEANDO DESDE
MIAMI

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Mario Barros (Lenguaviva)

Hoy mi amigo me trae un mini-cuento suyo y se sienta a escuchar mi opinión. ¡Ni que mis criterios le importaran un pepino! No obstante, aquí se los dejo. Mi opinión está al final.  

 EL PESCADOR DE IDEAS

El hombre no hacía otra cosa que pescar ideas. Se paraba en su canoa con la tarraya en las manos y, en cuanto alguna se le acercaba, la apresaba en la red y la guardaba. Algunas le llegaban fáciles y hasta las podía atrapar con la mano. Otras eran más huidizas y, por mucho que las intentaba capturar, se le escapaban. El hombre se consolaba pensando que eran ideas de poca monta y no debía preocuparse mucho por ellas.  

Un día al hombre se le apareció una idea brillante que empezó a dar vueltas a su alrededor. Él había atrapado ideas parecidas anteriormente, pero ésta se le antojó más grande y promisoria que ninguna otra. No podía dejarla escapar. El hombre se paró lentamente en su canoa, se mantuvo inmóvil durante largos segundos y, cuando la idea estuvo suficientemente cerca, le lanzó la tarraya con todas sus fuerzas.

Falló.

“Esta idea es única. Se me escapó en el último momento”, se dijo. “¡Tiene que ser mía!”

Lo volvió a intentar una y otra vez, pero nunca acertaba. Tanto se obsesionó con ella, que despreció otras ideítas menos glamorosas, aunque más fáciles de alcanzar.

A pesar de sus esfuerzos, la brillante idea comenzó a alejársele. Hubo un momento en que el hombre, temeroso de que nunca podría atraparla, soltó la tarraya y se lanzó a nadar tras ella. 

No se sabe si fue el brillo que lo deslumbró o si la idea resultó ser traicionera, pero nunca más se volvió a saber de ninguno de los dos.

FIN

-¿Qué te parece?-, me pregunta el Obdu.

-Mmm… no está mal. Pero el hombre pudo haber cambiado la táctica.

-¿Cómo?

-Usando un arpón en lugar de la tarraya. O una vulgar vara de pescar con anzuelo y lombriz. Por

cierto, ¿no se dice atarraya…?

Obdulio me mira con cara de “todo-es-simbólico-idiota”, se levanta y se va.

Chapoteando desde Miami

Mario Barros (Lenguaviva)

Obdulio me visita en esta tarde lluviosa del verano miamense. Viene muy pensativo. Cierra su paraguas, lo deja caer al piso y se sienta a la mesa. No dice una palabra y ni siquiera pide café. Es obvio que algo le ocurre.

-¿Qué te pasa, Obdu?

-Estoy tratando de recordar una canción de fines de los años 60. Eso me tiene muy preocupado.

-Yo no había nacido, así que me es imposible ayudarte.

Es un chiste, pero mi amigo no lo asimila, tan perdido está en sus vericuetos mentales.

-La tocaba un grupo español y trataba sobre un loco.

-¡Ah, ya! La Macarena.

Otro chiste, a ver si se anima, pero nada.

-Decía algo así como que el tipo estaba como una cabra y lo iban a meter en una jaula.

-Mmm… me suena. ¿Y por qué te preocupa la canción?

-Es que me da la impresión de que ese loco soy yo.

-¿Cómo puedes decir eso, hombre de Dios?

-Es por las matanzas con armas de fuego. Ha habido tantas, que uno pierde la cuenta. Se supone que los gobernantes sean los cuerdos, pero no hacen nada por evitarlas. Estoy seguro de que hay formas de hacerlo, pero yo no gobierno. ¿Ves lo que te digo? Si ellos están cuerdos, entonces… el loco soy yo.

Sí, eres un orate. Mejor te callas y dejas gobernar a los que sabemos. ¿O es que no te has dado cuenta de que es el método perfecto para controlar el aumento de la población?

Me quedo mirando en silencio a mi amigo durante unos segundos y al fin le digo:

-Somos dos los locos, Obdu.

CHAPOTEANDO DESDE MIAMI

Mario Barros (Lenguaviva)

Mi amigo de siempre, el sin par Obdulio Duparol, me ve escribiendo esta primera entrega para DosBufones y, curioso, me pregunta:

-¿Y por qué “chapoteando”? ¿No pudiste usar otro verbo con menos salpicaduras?

-Te explico: vivimos en Miami. Somos el jamón-y-queso de un sándwich cuyas tapas son el Atlántico y los Everglades. Y, por si fuera poco, toda la ciudad está llena de canales, lagos y piscinas. Si algo nos sobra, es agua.

-Ya. Vas a escribir una columna sobre hidrología.  

Miro a mi amigo con cara de ¿serás-tonto-Obdu? y estoy a punto de decírselo, pero me contengo y trato de sonar persuasivo.  

-Te explico de nuevo. Creo que en la escuela aprendiste que no tienes que interpretar literalmente todo lo que lees.

-¿Ni los tuits del Trump?

Me contengo de nuevo, esta vez a duras penas.

-Obdu, a veces las palabras se usan con más de un significado.

-Y ese es el caso de tu… chapoteo.

-Claro. “Chapotear” aquí quiere decir conversar, hablar, platicar.

-O sea, vas a contar historias sobre Miami, una ciudad donde abundan los carros y las autopistas.

-Y el agua.

-Ta bien, y el agua. ¡Vas a resultar muy aburrido, brother!

-Naaa. Voy a chapotear sobre otros muchos temas. 

Vamos. Porque a mí no me vas a dejar fuera.

Esbozo una sonrisita que rápidamente se convierte en mueca y le recuerdo:

-¿No te basta con quitarme el protagonismo en Facebook, Twitter e Instagram?

-Tú sabes que los fans me siguen a mí, no a ti. Yo te doy las ideas y tú escribes, como siempre hemos hecho.

Miro a mi amigo fijamente durante veintisiete segundos. En mi mente lo tengo agarrado por el cuello y lo asfixio con júbilo infinito. Pero al final esbozo otra sonrisita, esta vez fingida, y le digo:

-Tienes razón.

Conclusión: el chapoteo les va a llegar escrito a cuatro manos.

Estuve tentado de agregar “y dos cerebros”, pero eso sería darle demasiado crédito al Obdu.

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